Reconozacamos que, al igual que con el fútbol, la cerveza tiene un sesgo de género. Me crié en una familia futbolera y de chica jugaba al fútbol igual o mejor que muchos varones. Me lo dicen hasta el día de hoy.

Seguramente mi caso no es el único. Lo que sí parece ser un denominador común es que se ponga en duda nuestra capacidad, solo por el hecho de ser mujeres, para opinar sobre fútbol. ¿A cuántas de nosotras mandaron a “lavar los platos” cada vez que opinábamos?

El sesgo de género también está presente a la hora de elaborar cerveza. De hecho, es algo refrendado por un estudio realizado en la Universidad de Stanford, que concluye que “el sesgo de género puede afectar negativamente lo que pensamos sobre los productos fabricados por mujeres, especialmente en los mercados orientados a los hombres”.

El artículo que podés leer hacienco click en este enlace https://stanford.io/2GAEAom, nos propone este ejercicio: imaginar que estamos leyendo la etiqueta de una cerveza artesanal. Entre las notas se ve el nombre de la cervecera: Jane. ¿Conocer a una mujer que hizo esta cerveza cambia tu percepción de ella? ¿Sabrá tan bien como una cerveza hecha por un hombre?

Los estereotipos de género afectan significativamente la forma en que evaluamos los productos. El estudio, realizado en 2019, encuentra que en los mercados tradicionalmente orientados a los hombres (cervezas, herramientas eléctricas o repuestos de automóviles, por ejemplo) los productos fabricados por mujeres acumulan percepciones negativas.

La investigación sugiere “que los clientes no valoran y están menos inclinados a comprar productos tradicionalmente masculinos si creen que han sido fabricados por mujeres”, dice Shelley J. Correll, investigadora participante del estudio. “Existe la suposición de que su cerveza artesanal, destornillador o portaequipajes hechos por mujeres no serán tan buenos”.

“Los clientes no valoran y están menos inclinados a comprar productos tradicionalmente masculinos si creen que han sido fabricados por mujeres”

Cerveza artesanal y cupcakes

Las investigaciones muestran que las personas generalmente evalúan a las mujeres de manera más negativa que a los hombres en el lugar de trabajo, pero Correll y su colega Sarah A. Soule se preguntaron si esos estereotipos de género se extendían a los artículos que fabrican las mujeres. Primero encuestaron a 150 personas, una mezcla aleatoria de hombres y mujeres, pidiéndoles que calificaran los productos de consumo en términos de cuán masculinos o femeninos creían que eran esos artículos. “Les pedimos que miraran alrededor de 360 ​​productos en la plataforma minorista Jet.com, desde productos bastante intuitivos como palos de golf y ropa de bebé, hasta cosas menos obvias como lámparas o unidades de aire acondicionado o incluso botellas de agua”, dice Correll.

“Es curioso cómo tiende a haber consenso sobre el tipo de género de algunos productos. El tocino (bacon), por ejemplo, se considera casi universalmente masculino, mientras que el café se considera más neutral en cuanto al género”. Usando estas ideas, Correll y Soule se enfocaron en dos productos: cerveza artesanal y cupcakes, considerados igualmente masculinos y femeninos, respectivamente. “Después de establecer que la cerveza artesanal se ve típicamente como masculina, queríamos probar las suposiciones de la gente sobre la cerveza que hipotéticamente había sido elaborada por una mujer o un hombre”, dice Correll. “Y lo mismo para los cupcakes, que están clasificados como más femeninos. ¿Vería la gente un pastelito hecho por un hombre como inferior a uno hecho por una mujer?” se preguntaron.

Las investigadoras pidieron a más de 200 voluntarios que evaluaran una etiqueta de cerveza artesanal, cambiando solo el nombre del cervecero en cada caso, para ver si el género afectaba sus percepciones. De manera similar, mostraron a otro grupo de participantes una etiqueta de cupcake, alterando solo el nombre del pastelero, y los encuestaron por sus actitudes hacia el dulce según el género del productor. Los resultados fueron sorprendentes.

La cerveza de Sarah

Con la cerveza artesanal, cuando los consumidores creían que la productora era una mujer, afirmaban que pagarían menos por la cerveza y tenían menos expectativas de sabor y calidad. Pero para el muffin, hubo poca diferencia notable en las actitudes hacia los productores que eran mujeres versus hombres.

Cómo eliminar los sesgos

Entonces, ¿cuál es la respuesta para las mujeres que buscan prosperar en mercados orientados a los hombres? ¿Deben centrarse en los premios, apuntar a los conocedores o simplemente ocultar su género? La solución a largo plazo, dicen Correll y Soule, no radica en que las mujeres modifiquen su comportamiento. La respuesta está en cambiar el pensamiento estereotipado de las personas a nivel social y crear conciencia de los prejuicios inherentes que todos aportamos a nuestras compras y otros comportamientos: “un desafío enorme”, reconocen. Mientras tanto, aseguran, las organizaciones y asociaciones de la industria harían bien en ser conscientes de la importancia del sesgo de género y desarrollar experiencia específica en cosas como la evaluación de los empleados y los procesos de contratación. “Como encuentra nuestra investigación, cuanto más experto eres sobre un producto, menos sesgo de género afecta tu forma de pensar. Para las empresas, existe un imperativo clave aquí para desarrollar la experiencia de los líderes en cosas como la revisión y evaluación de los empleados para minimizar los estereotipos de género”, dice Correll.

Las organizaciones de la industria también deben ser conscientes del hecho de que los premios pueden eliminar los prejuicios, señala Soule. Sugiere que los comités de adjudicación consideren asegurarse de que los premios prestigiosos se otorguen proporcionalmente a hombres y mujeres elegibles. “No estamos recomendando premios ‘cuotas’ per se, pero estas organizaciones deben comprender el papel importante y útil que pueden desempeñar para cambiar las percepciones y llevarnos hacia una sociedad en la que las probabilidades no estén tan en contra de las mujeres”.

Algo está cambiando pero falta mucho todavía. El desafío de las próximas generaciones será eliminar definitivamente el sesgo de género y valorar los productos por lo bien o mal que estén hechos, independientemente de quién los haga.

Fuentes: Universidad de Stanford/Futurity.org

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